Un viaje a la Cordillera del Altiplano Boliviano

Vista de la Cordillera del Valle del Condoriri desde el Pico Austria

Texto y fotografías: Daniel Bastías y Felipe Lobos

TEAM DE RUPAL

Condiciones perfectas, buenos augurios. El llamado invierno Boliviano había sido intenso el verano del 2011; los pobladores del altiplano estaban asombrados de que las grandes montañas se encontraran cargadas de nieve hasta sus mismas faldas, tal condición hacía pensar que la temporada de escalada en Cordillera Real sería una de las mejores de los últimos años. No había que pensarlo mucho más, sólo bastaba una pequeña reunión con mi compañero Felipe para emprender rumbo al hielo Boliviano. En las alturas Los primeros días de agosto del mismo año, estábamos en la ciudad de La Paz. Habían aires de fiesta, pues una de esas noches se celebraba la entrada de los universitarios a la ciudad, moviéndose al ritmo de la increíble diversidad de bailes y música que caracteriza al folklore Boliviano. Las calles se repletaron de colores y gente, que se ajustaban a la alocada fisionomía de la ciudad y del valle paceño. Mientras la fiesta estaba en su punto máximo, había un grupo de personas que trabajaba arduamente para dar los retoques finales a la remodelada y ahora moderna plaza de la catedral de San Francisco, que se inauguraba al día siguiente. Muchas veces se piensa que el dejar las cosas para último momento es un precedente suficiente para que la resultante no sea la esperada, sin embargo la ciudad de La Paz rompe con todas las lógicas en este y otros sentidos; El domingo por la mañana estaban las autoridades locales, las orquestas y los paceños celebrando la inauguración, tal y como se había prometido. Inmediatamente, hicimos uso de las instalaciones renovadas; toda la comida de nuestra expedición la obtuvimos del nuevo edificio del mercado, recibidas directamente del comercio indígena, ya teníamos a la Pachamama de nuestro lado.

Acto de inauguración de la Plaza de San Francisco

Hacia el Valle del Condoriri Con todo el equipo arreglado, dejamos la alocada ciudad. En el transcurso de 30 mins. el bus estaba en el Alto de La paz, donde podíamos divisar el cerro Illimani (6462mts), que resguarda la ciudad en un día completamente despejado. Nuestro viaje era en sentido opuesto, nos dirigíamos camino hacia el lago Titicaca a una hora de la ciudad. El bus nos dejó en medio de un pequeño pueblito del Altiplano llamado Patamanta, allí logramos que un taxista nos llevara a la localidad de Tuni (4400mts). Rápidamente nos internamos en la cordillera y las casas desaparecieron, cada ciertos kilómetros, aparecía algún caserío precario con tierra de cultivo de Chuño y llamitos pastando. Los habitantes son Aymaras  que están completamente organizados en cooperativas agrícolas que planifican el uso del suelo. Además, organizan grupos de acción, para conseguir beneficios sociales, por ejemplo estaban muy orgullosos de haber conseguido la instalación de una escuela primaria en el pueblo de Chuñavi para evitar que los niños tuvieran que viajar largas distancias. Finalmente llegamos a Tuni con un sol que no derretía el hielo que adornaba los riachuelos. El pueblo se compone de unas 50 casas pertenecientes a dos familias, allí negociamos con un familiar para conseguir animales para transportar el equipo. Nuestra planificación es un poco estricta, lo que se contrasta con la velocidad de funcionamiento de Tuni, sin embargo rápidamente dejamos nuestras ropas de la ciudad y conversamos de forma tranquila con los habitantes, en medio de historias y contemplación. Ya podemos divisar el Huayna Potosí (6088mts) hacia el este, es un lugar maravilloso para los afuerinos, sin embargo para la gente de Tuni con la retina acostumbrada, es una mañana más en los Andes.

El pueblito Aymara de Tuni

El día avanza y nosotros hacemos lo mismo camino al Valle del Condoriri. Cada paso es un avance para perder la noción del tiempo; cuando comenzamos a sentir el peso de la mochila, despertamos lentamente del sueño para darnos cuenta de que nos acercamos a los lugares que habíamos visto en fotografías, miramos la hora y entendemos que el tiempo existe y que el espacio es rodeado de montañas, lagunas y ríos. Grandes represas nos hacen entender que acá se encuentran una de las principales fuentes de agua de La Paz. Nuestra guía Aymara, camina sin detención, como si estuviera flotando en estas alturas, lo mejor para nosotros es seguir lentamente. De a poco ganamos altura y remontamos aguas arriba hacia la laguna Chiar Khota del Valle del Condoriri. De un minuto a otro, con la cabeza agacha, vemos en el reflejo de la laguna la montaña más maravillosa del lugar, el Cabeza de Cóndor (5648mts) y sus alas (norte 5337mts, sur 5482mts). Su forma inspira respeto y pareciera que en algún momento su figura se quedó estática para demostrar grandeza y hacer recordar a cualquiera la existencia del vigía de los Andes.

Nuestra guía camino al campamento en la laguna de Chiar Khota. Notar la cabeza de Condor

En el campamento base (4600mts), hay muchas carpas, con personas de todo el mundo, los guías locales nos conversan amablemente del lugar, les pedimos algunos consejos y entre algunos mates ya tenemos unos nuevos amigos. A comer y descansar que mañana nos ponemos a caminar.

Campamento base a las faldas del Cerro Cabeza de Cóndor

Pico Austria Para ser sincero, no sentimos las heladas que nos habían comentado la gente de Tuni dentro de nuestra reconfortante carpa, sin embargo nos hacemos muchas preguntas sobre las condiciones de frío y tormentas que deben soportar diariamente los Aymaras en sus casas de adobe y paja, sin la oportunidad de conseguir leña de buena calidad. Entre estos pensamientos partimos tranquilamente la marcha hacia el Pico Austria (5320mts) que es un excelente mirador del Cabeza de Cóndor. Con la idea de aclimatar, pasamos por entre campo de llaretas y paredes de roca, que en el transcurso de 2 horas nos dejan en la cumbre, con la sorpresa de que podemos ver todo el altiplano hasta el Titicaca. Tomamos las fotos respectivas del Condoriri y de vuelta a la carpa para preparar un festín de comida. Entre conversas y conversas luego del reposo, decidimos que al día siguiente montaríamos el hielo para escalar el Pequeño Alpamayo (5370mts) aprovechando que nos sentíamos muy bien. Pedimos consejos a los guías locales, conversamos con todos quienes se nos cruzan y a las 19 hrs ya estamos en el primer sueño. Tarija y Pequeño Alpamayo Los guías nos habían comentado que una importante cantidad de personas iría al Pequeño Alpamayo. Y esa madrugada luego del desayuno, nos dimos cuenta que tenían razón; una fila de 20 linternas seguían camino a la montaña. Comenzamos la caminata de unos 40 mins hasta el glaciar, una vez sobre éste recordamos lo que habíamos pensado hace unos meses atrás; las condiciones eran perfectas, con grietas muy marcadas y donde se podía intuir fácilmente el camino más rápido y seguro. Luego de otros 40 minutos unos haces de luces esquivaban las paredes de hielo  e indicaban el amanecer. Hacia el lado opuesto ya podíamos divisar la iluminación continua del altiplano, las lagunas del valle del Condoriri y los pequeños puntos de colores que mostraban el campamento base. Los sonidos de los crampones que trozaban el hielo y de la cuerda corriendo sobre el glaciar, parecían que se escuchaban más intensos en esa hora de la mañana, como si la montaña quisiera llamar nuestra atención y decirnos donde estábamos parados. Al momento de apagar nuestras linternas, pudimos dimensionar las formas caprichosas de la masa de hielo, paredes de hielo abruptas y suaves, grietas profundas, insectos y aves que cada cierto tiempo rondaban y el silencio que parecía retumbar en las paredes de roca de los cerros Wyoming (5460mts) e ilusión (5150mts). Así tranquilamente y con visión de exploradores llegamos al filo de la cordillera real, un punto privilegiado donde al este puedes observar todo el altiplano, mientras que al oeste las Yungas y la Amazonía. Por un lado todo completamente despejado, por el otro nubes bajas sobre los bosques, realmente espectacular! Finalmente luego de unas 3 horas sobre el glaciar llegamos al primer objetivo la cumbre del Cerro Tarija (5240mts). Desde allí pudimos observar que habíamos alcanzado a los primeros grupos, pero ya se habían montado en el filo aéreo, teníamos que esperar nuestro turno.

Pequeño Alpamayo desde el Cerro Tarija

En la cumbre del Tarija pudimos comer e hidratarnos lo suficiente y observar los puntos seguir la arista en búsqueda de la cumbre. Hasta el momento habíamos ido sin parar, por lo que el descanso nos vino muy bien. Luego de que regresaron las primeras cordadas, fue nuestro turno. Desescalamos el torreón cimero de la montaña y nos montamos en la arista. Luego de unos 20 minutos comenzó el primer largo de cuerda en una pendiente que llegaba hasta los 70º. El hielo era de excelente calidad, la progresión muy rápida, segura y entretenida. Los puntos de relevo eran los lugares de pequeñas charlas sobre las dificultades y retos que fueron superados. El clima se mantenía espectacular, no estaba frío y la aclimatación había funcionado completamente. Luego de unos 300 mts de escalada ya estábamos en la cumbre de la montaña. Felipe sacó su Quena y toco en homenaje a su novia. Desde ese punto podíamos divisar los grandes ríos del Amazonas, La Paz, el Titicaca, montañas gigantes y paredes imposibles de escalar. Fue un gran logro para nuestra cordada, habíamos pensado mucho en ese momento, la noche anterior había dormido muy poco debido a la ansiedad por salir a la montaña, fue algo que no me ocurría hace mucho tiempo. Era nuestro momento, me concentre mucho para no olvidar nunca ese instante.

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Las nubes amenazaban nuestra estadía cumbrera, así que rápidamente emprendimos el regreso. En este tipo de ascensiones lo más difícil es desescalar sin dejar ni un rastro de nuestra ascensión; lentamente bajamos con todas las medidas de seguridad y al cabo de una hora ya bajamos la arista. Luego subimos el torreón que nos llevaba al Tarija y nos dimos cuenta que llevábamos nueve horas en la montaña. Era necesario darnos un pequeño descanso e hidratarnos lo mejor posible, a su vez las nubes abrazaban a las montañas y la visibilidad era la justa para orientarse, el Alpamayo ya no se veía, era momento de continuar. Rápidamente bajamos el glaciar, al cabo de dos horas ya estábamos en tierra firme y en una más en el campamento con un día despejado. Fueron 12 horas de montaña, nuestra satisfacción era grande, les contamos a los guías lo que habíamos hecho, mientras nos tomábamos unos mates. Según nuestro calendario el día siguiente era de descanso! Descanso e historias Nos levantamos tarde, tomamos desayuno en la carpa, conversamos un montón sobre cambiar el mundo, mientras inventábamos nuevas recetas de comida, hacíamos artesanía, pateábamos piedras, mirábamos a las vizcachas y tomábamos fotografías divertidas. Los guías nos habían comentado de un cerro interesante con una vía mixta poco visitado que se llamaba Ilusión, sin embargo luego de preguntar reiteradas veces de cómo llegar al mismo, la información era contradictoria y difusa, así que antes de andar perdido por la noche, preferimos escalar el cerro Pirámide Blanca (5230mts).

Ocio en el día de descanso

Pirámide Blanca Esta  vez nos levantamos más temprano para evitar la hilera de luces. Para llegar a la montaña, debíamos seguir el mismo camino que para el cerro Tarija, pero desviarnos hacia el sur en mitad del glaciar. Con la caminata anterior ya casi no necesitábamos la linterna y avanzamos muy rápido, todavía de noche llegamos a la bifurcación y esperamos el amanecer pues desde abajo se veía que debíamos pasar muchas grietas. Mientras amanecía las nubes entraban al valle del Condoriri e iban ganando altura, con los primeros rayos del sol nos encontrábamos tapados en nubes, la visibilidad era prácticamente nula, así que nos armamos de paciencia para ver si mejoraba el asunto. Para nuestra suerte al cabo de una hora de una espera gélida, se hacían ventanas de buen clima y reanudamos el paso. Esta parte del glaciar estaba muy agrietada y necesitábamos tener sumo cuidado; en cada tramo comprometedor tomamos las medidas de seguridad pertinentes, y entrabamos al mundo de las grietas donde no podíamos saber la distancia que nos separaba de la cumbre. Finalmente con un sol maravilloso, cruzamos el glaciar y llegamos a la arista. Según nos contaron debíamos entrar por una canaleta con piedras descompuestas al torreón final, recalcándonos que no nos sacáramos los grampones. Las últimas palabras las recordamos cuando llegamos a un torreón que eran unos 20 metros de escalada y la ruta normal decía que había que hacer un traverse por una sección de hielo y de allí estabas a 10 metros de la cumbre. Los grampones estaban más abajo y con el cansancio de todos los días previos no hubo consenso para que alguien se devolviera a buscarlos. La verdad que a esas alturas ya nada era un problema, por lo que escalé el torreón libre que no era para nada difícil, de allí unos pasos más y estaba armando el anclaje para que subiera mi compañero. En la cima del cerro Pirámide Blanca terminaba nuestra aventura en Cordillera Real, la satisfacción era enorme, estábamos completamente solos y podíamos estar contentos de lo que habíamos hecho. Conversamos de las vías pendientes que nos quedaron e hicimos un recuento de nuestros días en el Condoriri, mientras disfrutábamos de una nueva perspectiva del altiplano. Podíamos volver pensando en que habíamos cumplido todos nuestros objetivos en un periodo de tiempo ambicioso. Nos agradecimos mutuamente y a la Pachamama. El tiempo empeoraba y bajamos. El resto se lo podrán imaginar.

Ascendiendo al Cerro Pirámide Blanca

Cumbre Cerro Pirámide Blanca

                    De regreso a La Paz Cuando regresamos al campamento estaba nevando copiosamente, todo estaba blanco y sólo con un poco de comida encima partimos inmediatamente el regreso. Luego de 3 horas a las 17 hrs estábamos de vuelta en el pueblo de Tuni. Habían pasado 15 hrs desde que habíamos dejado la carpa. La despedida del Condoriri fue magnífica; las montañas estaban nevadas hasta sus faldas, el reflejo de ellas sobre las lagunas parecía irreal y saboreamos el  té más sabroso de la expedición de la mano de una simpática pobladora del pueblo. Los Aymaras son muy cuidadosos en mantener solamente relaciones comerciales con los extranjeros, para nosotros que queríamos poder conversar de muchos temas de su cultura era muy chocante, pero el gesto de esa persona fue completamente distinto, al fin se pudo romper el mercantilismo y sentimos que podíamos hablar libremente de todo, mientras se ponía el sol, no pudo faltar la fotografía de rigor con la señora Adriana. Luego de su ayuda pudimos conseguir algo que nos regresara a La Paz, esa noche celebramos junto a unos amigos de otra expedición en una fiesta de música Andina en un local de la ciudad. Hubieron bailes, risas y cervezas! Fueron 5 días en los cuales subimos 4 cerros! Qué lindo es recordar!

Reflejos en un día de tormenta

El tecito de la señora Adriana

                    Un poco más sobre el Chuño… El chuño resulta de la deshidratación de un tubérculo que por lo general es la papa. El método de desecación que utilizan en los pueblos del altiplano Boliviano es por congelación y asoleamiento. Por este motivo la fabricación del Chuño es estacional y necesita de heladas intensas. Su consumo es variado, desde postres a platos elaborados, y también lo hacen harina. La producción se remite al norte de Argentina, el altiplano Boliviano, el norte de Chile, el sur de Ecuador y el sur del Perú. Nosotros degustamos una buena cantidad de Chuños! Online anonymity means that your child talks to strangers https://www.phonetrackingapps.com with no name

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